Echo de menos lo de escribir, así a ver si lo retomo, que me "libera" bastante. La verdad es que últimamente no llevo una vida muy interesante...
Trabajo mucho, y no lo hago a disgusto, porque disfruto con lo que hago día a día, viendo cómo da mi parte individual de curro da sus frutos en equipo. Pero me resulta bastante deprimente ver que todo lo que hago día a día no sirve para nada, porque tengo un contrato de sustitución y, en cuanto la persona a la que sustituya decida que los 6 meses que lleva de baja ya son suficientes, a la calle. Y si te he visto no me acuerdo. Todo serán "Estamos muy contentos con tu trabajo", "En cuanto el departamento de RRHH tenga intención de contratar a alguien, contaremos contigo", etc., pero todos sabemos dónde quedan estas palabras. Una pena, porque ganas de trabajar no me faltan.
Ha terminado la temporada de fútbol. Después del D-I-S-A-S-T-E-R que ha supuesto mi primer año jugando federada, he decidido retirarme temporalmente del fútbol-sala y probar suerte en el fútbol 11. Que ya tengo 24 años, y si no lo hago ahora, ya no lo haré nunca. Estoy tanteando varios equipos, pero hasta que no empiece la pretemporada, hacia mediados-finales de agosto, todavía no hay nada decidido. Lo único que tengo seguro es que seguiré en la liga municipal con el Celtic Castilla, y estoy 100% segura de que el año que viene haremos una temporada muchísimo más fuerte y regular que ésta. Que con el pedazo de equipo que tenemos, y el pedazo de entrenador que hemos fichado, el tercer puesto nos sabe a poquísimo.
Y luego la mudanza. La 10ª mudanza desde que nací. Nuestra actual casera nos ha invitado amablemente a que nos vayamos del piso, porque a su hija la echan del suyo y necesita venirse aquí. Así que hemos encontrado otro piso relativamente cerca de éste, siempre en el barrio, claro, y allí nos vamos. Es más grande y más caro; se supone que mejor, pero a mí la verdad es que no me gusta. Mis padres quieren convencerme y autoconvencerse de que el cambio es para mejor, pero al igual que yo no me lo creo, me da que ellos tampoco. Pero no hay otra, así que no sirve de nada lamentarse. Eso sí, un perezón lo del traslado.
Y el Mundial... pues una puta mierda. Lo de España, inesperado e injusto desde mi punto de vista. Y el resto de partidos una auténtica estafa. ¿Y se supone que esta panda es la élite del fútbol mundial? Venga, hombre, si están todos más acojonados que una liga de alevines... Y no me ofendería tanto si no hubiera palmado toda la pasta que he palmado apostando. Porque madre mía, si un Inglaterra-Argelia ya no es dinero seguro... Pero ya me extenderé sobre esto en posts especializados.
Últimamente, como veo que inexorablemente me acerco a los 25, tiendo a sentirme bastante vieja, pero ahora mismo ha sido Spotifyquien me ha hecho sentirlo.
Estaba muy contenta esta mañana porque he conseguido una invitación para poder utilizarlo, descubriendo lo útil que es. Lo he calificado incluso como 'el futuro' en Facebook.
Bueno, pues investigando me hallaba en este preciso instante cuando he filtrado por música de los 90' y me he encontrado con que la primera canción que me salía en la lista era The Kids aren't alright, de The Offspring. "¡Coño, Offspring! ¡Con lo que a mí me gustaban...!", me he dicho a mi misma, sonriente, a la vez que hacía click en el nombre del grupo.
Inmediatamente, ilusionada, he podido ir viendo toda la música que han hecho estos tipos. "¿Cuál era aquel disco que me grabó mi prima en un cassette...?" Y lo he visto: Ixnay on the hombre. "Joder, ¡pude escuchar este disco millones de veces!". Y sin tener ni idea de inglés... Recuerdo que mi prima me dejó el cassette original, en el que venía el libreto con las letras, y trataba de entenderlas. "¿Cuántos años tenía yo? ¿De qué año era esto?". 1997. -damn, 1997. Lo preocupante no es que yo tuviera 11 años, ni muchísimo menos, sino que ¡han pasado 12 años desde que yo lo escuchaba!
Cuando un día de tu vida te das cuenta de que recuerdas lo que pasó hace una década, te sientes vieja...
...y qué temazos Offspring! Hasta una cover de 'Feelings'!
En verano me aburro mucho. En verano paso mañanas tediosas en el trabajo (curre donde curre) porque no suele haber mucho que hacer.
En verano fumo demasiado. De mis cigarros exclusivos cuando salgo de fiesta (una cajetilla mínimo por noche loca), paso a un paquete cada 2 ó 3 días.
En verano dejo de hacer deporte excepto ocasionales pachanguillas de fútbol.
En verano fumo más porros, porque con el buen tiempo me apetece estar más tiempo en la calle.
En verano juego mucho más a la Play, lo que también a su vez incrementa el ya mencionado consumo de pitis y porros.
En verano gasto mucho más de móvil a pesar de que me apunto a todas las promociones que me ofrece Movistar.
En verano sólo pienso en la playa, en el mar y en la arena, en el ruido de las olas...
En verano, Alvarito y yo decimos que "el barrio está muy fresco", y es que en verano es super fácil aparcar, porque la gente está de vacaciones y siempre hay un sitio en la misma puerta de mi casa. Eso me gusta.
En verano se me da bien estudiar. Ha habido dos 'septiembres' en los que he aprobado cinco asignaturas tranquilamente, y espero que este sea igual, porque sólo me quedan cuatro para acabar la carrera.
En verano no tengo agenda y vivo bastante despistada, porque siempre tengo un montón de cosas tontas o no tontas que hacer y se me suelen olvidar. Las apunto en papeles sueltos que termino perdiendo.
En verano siempre descubro algunos temitas sexys que escucho hasta aburrirme. De momento, en lo que va de verano, tengo dos:
Vale que yo soy un poco radical, y vale que por las mañanas estoy especialmente irascible, pero cuando llego al trabajo y empiezo a escuchar los cacareos de la panda de gallinas que tengo al lado, me pongo enferma. Son cinco y arman la misma escandalera que cincuenta. Desearía poder levantarme, acercarme a ellas y decirles todo lo que pienso.
Lo primero: trabajamos en una redacción, no en una peluquería o un mercado; con lo cual, lo de hablar a voces, ya que no hay ruido, está demás. Especialmente si somos conscientes de que a mí no me importa en absoluto que Fulana haya adelgazado dos kilos desde que empezó su nueva dieta, o que Mengana, 'en sus tiempos' tomara la píldora del día después. No tienen por qué forzarme a que me entere. Violan mis oídos.
Continúan con sus juicios éticos y morales sobre cualquier tema. Hablan con una ligereza preocupante acerca de cualquier cuestión: política, religión, deporte, cine o moda. Son periodistas, así que saben de todo. Da igual un proyecto de ley que un partido de fútbol. Para ellas todo va en el mismo saco de su opinión personal, 'porque soy mujer, periodista, y porque yo lo valgo'. Seguras de sí mismas, tienen todas las soluciones para arreglar el mundo, ¡las putas reinas de la opinión pública! Supongo que pretenden que sus vidas profesionales rellenen los vacíos que hay en sus vidas personales. Como tienen la regla, votan y trabajan fuera de casa, vomitan las palabras sin pensar. ¡Están en su derecho!
Cuantos más años llevaba un padre violando a su hija, cuantos más muertos ha habido en un atentado, más importancia tiene la noticia. Así de inteligentes son sus criterios periodísticos.
Tarde o temprano, a lo largo del día llega el 'momento malmeter'. A todo ser humano le gusta el cotilleo. Activa o pasivamente, contar algo sobre alguien a otro alguien es inevitable. Pero ellas malmeten. Hablan mal sobre alguien a sus espaldas, y luego de cara le sonríen. Me pone triste.
Ríen a carcajadas: cuánto más alto lo hacen, más podrán repetir luego lo mucho que adoran su trabajo y lo bien que se llevan con sus compañeras. Canturrean canciones, así se sienten más jóvenes.
El machismo es una de las cosas que más odio, me pone furiosa y violenta -por desgracia lo vivo en mis carnes más de lo que me gustaría-, pero este especimen de mujer del que os hablo, este feminismo de palo, este aborto de fémina liberada... me sobrepasa. Como persona, me da pena, y como mujer, vergüenza.
Prácticamente todo el mundo tiene un número favorito, pero luego están los números especiales, no sé muy bien cómo definirlos. Un número especial es ese que va contigo, que te pertenece igual que tú a él; una vez que entra en tu vida, sabes que va a estar contigo siempre. Pero no es que te vaya a perseguir, sino que te va a acompañar.
Pues mi número es el 17. El primer recuerdo que tenemos juntos es bonito. Cuando empecé a jugar en el equipo de fútbol de mi cole, emocionada, recibí la equipación: pantalón blanco y camiseta naranja. Y a la espalda, el número 7. Por aquella época, en el Real Madrid era un jovencísimo Raúl González en pleno auge quien lucía el '7', y por aquella época, en el equipo de 3º de EGB del Asunción Rincón, lo lucía Raúl Velasco (un zurdo veloz de mi clase), así que yo no podía llevarlo. Y tampoco estaba libre el '8' de Mijatovic, mi jugador favorito. Fue entonces cuando mi madre fue a Pontejos y me compró un '1', y al plancharlo junto al '7', el '17' entró en mi vida. (Como dato curioso: por aquella dorada época madridista, el '17' pertenecía a Christian Panucci, fulgurante lateral derecho italiano que no se despeinaba ni rematando un córner).
Desde ese momento he vivido ligada al 17. Por ejemplo, los 17 fueron mi edad dorada, he tenido la suerte de conocer a personas muy especiales que también juegan con el 17 a la espalda, y decenas de veces me he subido en trenes de metro que llevaban el número 17. Casualidad y romanticismo, diréis. Pues sí, quizá, pero cuando menos me lo espero, y cuando más lo necesito, el 17 aparece de alguna manera en mi vida para hacerme sonreír y creer que existen cosas que se escapan de la lógica, cosas mágicas o místicas que hacen de nuestra existencia -o al menos de la mía- algo especial.
Ariadna Gil siempre me ha llamado la atención, especialmente desde que vi Soldados de Salamina. Su gesto serio, su voz, su manera de fumar... Siempre me han fascinado este tipo de mujeres, que son guapas pero sin ser guapas, no sé si me entendéis. Hay guapas tipo Charlize Theron o Gisele Bündchen, guapas indiscutibles, y luego están las guapas tipo Ariadna Gil, de las que tienen un algo especial que hace de su belleza algo único... y atractivo.
La tarde-noche del jueves pasado, sola en casa, decidí desempolvar la típica película que llevas años pensando ver pero para la que al final nunca tienes un rato. Esta vez lo tuve, así que hice palomitas y me tumbé en el sofá, no os negaré que con la certeza de que me iba a quedar dormida, y comencé a ver Belle Epoque.
Sabía que era de Fernando Trueba, que ganó un Oscar y nueve Goyas y que salían un montón de grandes actores españoles (incluyendo Ariadna Gil), pero no tenía ni idea de qué iba la película, ni idea. Y es algo que me encanta. Cuando ves una película sin haber visto el trailer o cuando lees un libro sin haber leído siquiera la contraportada, las probabilidades de que esa película te encante se multiplican por dos. Es como una droga... ver Padre de Familia tiene gracia, pero verlo fumao tiene todavía más. Pues cambiad los porros por ignorar el argumento, y ahí tenéis la sensación.
Cuando me di cuenta de que el prota era Jorge Sanz no me hizo mucha gracia, porque no sé por que extraña razón le tengo bastante manía a ese chico, y eso que personalmente no me ha hecho nada; y de hecho me lo encuentro bastantes veces por mi barrio.
A lo que voy: que no sé si me enamoró más la película o Ariadna Gil. Al principio, su papel me parecía raro y desconcertante, pero según iba avanzando la película... me tenía embelesada. No soy una experta en cine ni mucho menos, pero su papel, y sobre todo su manera personal de interpretarlo me parecieron de lo mejor que he visto en mi vida.
Y no por Violeta, sino por Ariadna. Si en vez de ella hubiera sido otra actriz la que hubiera aceptado ese rol, estoy completamente segura de que ahora mismo no estaría, eclipsada, escribiendo este post.
Me iba con mis padres, hermano y algunos de mis tíos a un complejo de superlujo en el Caribe o algún lugar por el estilo. A mí me hacía ilusión el viaje porque llevo una época bastante asfixiante en Madrid. El sitio era enorme, lleno de pasillos, salones y ascensores, todo en plan luxury, y estaba poblado de gente mayor, muy mayor.
Fui a dar un paseo por hotel, para ver qué había, y al pasar por diferentes 'salones-bar', los camareros sudamericanos me decían piropos demasiado subidos de tono que me resultaron desagradables. Pasé por un salón llamado 'Sala Cocaína' en el que había diferentes grupos de la tercera edad pintándose unas rayas en las mesas, habilitadas incluso con instrumental para ello.No daba crédito.
Cuando volví a encontrarme con mi familia, estaban todos borrachos perdidos, pero perdidísimos. Ofendida, intentaba explicarle a mi madre lo cerdos que eran los camareros y lo raro que me resultaba aquél lugar, por muy de super lujo que fuera, pero mi madre estaba tan borracha que lo único que hacía era reírse y decirme que la dejara en paz, que estaba de vacaciones y que iba a meterse farlopa que había traído mi tío Raúl.
Yo lo flipaba, ¿y dónde estaba mi hermano...? ¿Y cómo se llegaba a mi habitación...?